Taza de café humeante sobre una mesa de madera junto a la ventana, con el título El peso eterno de lo pequeño

El peso eterno de lo pequeño

«Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor».

Mateo 25:21

Nuestra manera de entender el mundo, nos lleva a medir el valor de las cosas por su cantidad, su grandeza o su reconocimiento, a través de los ojos humanos hay responsabilidades más importantes que otras.

Quizás por eso, al leer la parábola de los talentos, nuestra atención se dirige inmediatamente a cuánto recibió cada siervo. Sin embargo, ambos siervos fieles, aun habiendo recibido “cantidades diferentes”, escucharon exactamente las mismas palabras de su señor.

¿Y si lo poco no fuera una medida de cantidad, sino una expresión de todo aquello que nos ha sido confiado mientras esperamos su regreso?

Para algunos, preparar un café para sus hermanos; para otros, administrar los recursos de su hogar, cuidar de sus hijos o acompañar a alguien que necesita consuelo. Diferentes responsabilidades, pero una misma oportunidad: expresar la vida de Cristo a través de aquello que hacemos.

Quizás hemos pasado demasiado tiempo esperando oportunidades “mayores”, sin reconocer el valor de lo que Dios ya ha puesto en nuestras manos.

Ese café que un día preparaste con tanto amor y serviste con humildad puede tener una trascendencia que tus ojos todavía no alcanzan a contemplar. No por la tarea en sí misma, ni por el café, sino porque comprendiste para quién lo estabas haciendo realmente.

La eternidad está escondida en lo cotidiano.

Llegará el día en que lo temporal dará paso a lo eterno, cuando nuestras manos dejen de administrar lo que hoy nos ha sido confiado. Quizás nadie recuerde aquel café que serviste, las noches en que cuidaste a tus hijos o las veces que acompañaste a alguien en silencio. Pero nuestra esperanza no está en el reconocimiento de los hombres, sino en Aquel por quien hacemos todas las cosas.

Y será entonces, cuando nuestra espera haya terminado, solo ahí, seremos conscientes de todo el peso de la fidelidad; cuando comprendamos, no a medias, sino por completo:

El peso eterno de lo pequeño.


Por Sara Centurión · © ECO. Todos los derechos reservados.

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